
Elmyr de Hory fue un pintor húngaro que tenía una extraordinaria habilidad para imitar el estilo de la pintura de grandes artistas como Picasso, Matisse o Renoir. Se ganó la vida como falsificador, creando obras “originales” de esos artistas. No copiaba, sino que pintaba nuevos temas con un estilo que incluso los galeristas más expertos atribuían a los autores originales.
Ahora la inteligencia artificial me permite emular a Elmyr de Hory. En el mundo del arte, cuando un artista imita un estilo que no es el suyo el resultado se llama pastiche. En el mundo de la tecnología, el nombre es neural style transfer. Se trata de enseñar a una red neuronal a distinguir entre el contenido de una imagen y su estilo. Luego, el artilugio puede aplicar ese estilo a cualquier otra imagen, creando una obra “original” en el estilo que ha aprendido.
Últimamente he estado jugando con esta tecnología. Aún no es perfecta, pero los resultados son a veces sorprendentes. Una de las cosas que más me intrigan de las técnicas de deep learning es que no hay forma de saber lo que piensa la máquina, qué criterios sigue para hacer lo que ha aprendido a hacer. La única forma de intentar entender lo que hace es observarla y experimentar.
El resultado es a veces sorprendente
En ese proceso surgen a veces imágenes poderosas, hermosas o inquietantes. Invitan a pensar en los atributos del arte, la percepción de la belleza y las cualidades que hacen que una obra sea auténtica u original. Y también en este tiempo extraño que se acerca, donde la frontera entre lo humano y lo sintético se desdibuja.
En la imagen, un autorretrato de juventud pintado por una red neuronal en un estilo neocubista.
(Si tienes una foto con la que te apetezca jugar, mándamela y se la enseño a mi red neuronal para que haga un pastiche con el estilo de tu artista favorito)


